miércoles, 7 de diciembre de 2011

Nunca le enseñaron a andar...

De regreso a casa después de una larga noche de excesos con los tímpanos aun bombeando al son de la música y con las pupilas todavía dilatándose, ya por la mañana, un momento antes del despertar de la mayoría, mientras algunos rezaban por no despertase de sus Sueños, me di cuenta de que íbamos camino del fin.
Unos días más tarde con aspecto clandestino cada uno de nosotros empezó a buscar su camino, solo unos pocos lo teníamos claro, queríamos aprender a ver en la oscuridad, a vivir, pese a muchas tormentas que se pudieran avecinar por ello. Muchas habladurías nos decían que estábamos jugando y apostando muy fuerte con nuestra vida. Todos nosotros obviamos sus desdichas y corrimos hasta ese lugar, mientras pisábamos los restos de sal en la orilla, no nos cansamos de correr, y seguimos hasta llegar oír crujir las hojas caídas por la llegada de la nueva estación, tras las andadas mi guarida se asentó en un Oasis del Interior

Otros en cambio tuvieron que buscar de manera exhaustiva por recónditos lugares para encontrar el lugar perfecto para despegar e iniciar su vuelo sin turbulencias. 

Impacientes decidimos salir a la superficie e ir más allá, con nuestros bártulos y algún que otro retrato del pasado a veces muy presente, conseguimos trepar hasta la azotea de aquel alto edificio, ningún otro edificio le hacía sombra y las vistas sobre el horizonte eran únicas. 

Allí arriba, a lo más alto, solo llegamos unos pocos, algunos se rindieron antes, dejaron de luchar, otros, los que llegamos nos dimos cuenta de que aun quedaban muchos vicios por perfeccionar juntos y de que por mucho que nos moviéramos, cambiáramos, creciéramos, saltáramos, gritáramos, amaramos, lloráramos, cayéramos y nos levantáramos siempre iba a estar a prueba nuestra capacidad de improvisar y de reaccionar…

viernes, 25 de noviembre de 2011

Se avecina un Otoño...

Interraileros


Iré en la parte de atrás. Viajaré por carretera. Este año será una de mis misiones, recorreré carreteras secundarias, autovías, calles de alguna ciudad o un simple camino por el que me pueda perder. Me gustaría tener a alguien que fuera como mi copiloto, el que me pueda marcar las rutas, con el que pueda mantener una charla agradable, le guste la buena música, me pase el agua cuando tenga sed, simplemente con el que pueda compartir el momento.


Detrás, me quedare mirando, una y otra vez las bandas blancas del asfalto con su constante trazado hipnótico y me dejare llevar por pensamientos que me trasladen a otros lugares, inventados o no.


Mirare el mas allá, mientras se mueven las nubes podre observar embobada la estela de humo que dejan los aviones a su paso, y me preguntare, ¿Dónde irán?¿Descenderán?, descenderán como las primeras gotas de lluvia en largo Otoño próximo

lunes, 14 de noviembre de 2011

"Estar en los brazos de Morfeo, soñar"

Miau
Sin saber muy bien en que día vivía, quizás fuera un Lunes o tal vez un Sábado… Con la llegada cada vez más temprana del Amanecer, me di cuenta que mi mejor momento del día era ese tan preciado instante, conocido por algunos como el Ocaso
De un momento a otro me adentré en una fría noche de Otoño en una gran ciudad, de repente alguien me dijo: ¡Ven! Volví la vista y divise una ligera silueta entre sombras. Se hacía llamar Morfeo, como aquel dios de los sueños, que en ocasiones conseguía atraparme en sus redes. 
Si, quizás fuera él. El hijo de Hipnos (El sueño) y Nix (La noche). Sin saber ni cómo ni porque, fui hacia él. Morfeo supo escalar hasta lo más alto, llegando acariciar las gotas de lluvia, las nubes, la luna y las estrellas. Consiguió entrar en mis sueños y supo cuales fueron ellos; desde Amar, portar un pequeño frasco de arena durante mis pequeñas hazañas, hasta el de poseer entre mis manos esa masa Azul de ahí arriba, llamada cielo. Otros sueños estaban aun por despertar. Él acabo siendo fulminado por revelar secretos a mortales, a través de los sueños. 
Morfeo dijo: se puede vivir de los sueños…

martes, 8 de noviembre de 2011

De acá para allá

            A punto de darte la vuelta y dejar la orilla, de un día para otro, te despiertas y has dejado de ser un niño, aquel niño que cada vez que alguien le sonreía, él le sacaba la lengua.
Todo lo que había sucedido hasta ahora parecía un sueño, todo lo pasado anteriormente era como algo pasajero, o como si nada de eso hubiera ocurrido. De repente, tu pequeño olfato esta oliendo una gran oportunidad, tu corazón y tu cabeza te dicen que no se puede dejar pasar, si lo haces te arrepentirás dice una pequeña voz del lejano Oeste.
De pronto, todo lo que había en tu vida da un vuelco; recuerdos, canciones, palabras, imágenes, sensaciones, sentimientos… llegan a tambalearse tanto que algunas llegan a caerse y a perderse en un ligero olvido.
En este recién llegado Otoño te encuentras en una nueva habitación, esa habitación en la que cada movimiento que se hace, se olle un pequeño eco.
En un nuevo camino por el que poder perderse y en el que poder parar y observar, en el que te arañen y te cuelguen medallas, en el que se puedan cometer actos miserables, en el que se pueda decir…Siempre o Jamás…

domingo, 6 de noviembre de 2011

Guerras nocturnas con la almohada


Lo único que no recuerdo con claridad es de cómo me entere de esa gran noticia, de tu llegada a la ciudad. Empecé a investigar sobre ti y encontré esas letras, esos sonidos… eran nuevos para mí, para todos. 
Desde ese preciso momento no he podido dejar de escucharte, me has propiciado emociones de todo tipo desde el pleno éxtasis hasta la más triste añoranza.
Lo más curioso de todo es que siempre apareces en mi cabeza cuando la luna logra escalar a lo más alto, te veo por todos los lugares, te disfrazas de diferentes superhéroes, Superman, Batman, Robbin, Capitán América, Spiderman, etc, eso es lo que te hace grande pero lo que más me gusta de ti es que tu nombre sea el de una vieja tortuga, Morla, que opto por creerse lo justo para no convertirse en nada.